Artritis Reumatoide

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La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad sistémica autoinmune, caracterizada principalmente por la inflamación crónica de las articulaciones, que, sin control, produce destrucción progresiva con distintos grados de deformidad y diversidad funcional.

Los principales síntomas de la artritis reumatoide son dolor, rigidez, hinchazón y pérdida de la movilidad articular que perjudica especialmente a las articulaciones periféricas de las manos y los pies, así como muñecas, hombros, codos, caderas y rodillas. Si la inflamación no se controla puede derivar en una pérdida de la capacidad para realizar las tareas de la vida cotidiana y a un deterioro de la calidad y la expectativa de vida.

De acuerdo con el estudio EPISER 20001 realizado por la Sociedad Española de Reumatología (SER), se estima que la prevalencia de esta patología en España es de un 0,5-08%, es decir, aproximadamente cinco de cada mil personas padecen artritis reumatoide.

El diagnostico de la artritis reumatoide en un estadio precoz es el indicador más fiable de éxito en el tratamiento de esta enfermedad; en concreto, diversos estudios señalan que diagnosticar y tratar la AR en los tres primeros meses de desarrollo es el indicador más importante de remisión de la patología. Por otro lado, un paciente con un desarrollo de la enfermedad superior a tres meses tiene un mayor factor de riesgo de destrucción o daño de las articulaciones.

Los pacientes con AR tienen dificultad para realizar tareas de la vida cotidiana que la mayoría de las personas son capaces de llevar a cabo prácticamente sin pensarlo, como son:

  • Levantarse de la cama, por culpa de la rigidez matutina
  • Girar el picaporte de una puerta
  • Abrir un grifo de rosca
  • Abrocharse los botones de la camisa o los cordones de los zapatos
  • Lavarse el pelo, ducharse o peinarse
  • Abrir un cartón de leche
  • Llevarse un vaso a la boca
  • Subir y bajar escaleras
  • Entrar y salir de un coche
  • Pasar el aspirador

En la actualidad no existe cura para la artritis reumatoide, por lo que el objetivo terapéutico más importante es frenar la progresión de la enfermedad. La estrategia que siguen los profesionales sanitarios en el manejo de esta enfermedad es la denominada “Treat-to-target”, que busca lograr la remisión sostenida de la enfermedad, es decir, la ausencia de signos y síntomas mediante la aplicación de una terapia agresiva y un seguimiento muy estrecho del paciente.

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